
Desde un pueblo de Palencia, nos llegan noticias de Laura y Carlos: su huerta ya está lista. La cuidan como se cuida lo que se echa de menos. Porque emigraron, sí, pero no se fueron del todo. Son hortelanas de alma larga, de las que saben que la tierra no entiende de distancias.
Llevan puesta la camiseta de la huerta de Tetuán como quien lleva una bandera, un trozo de casa. Solo les falta el cartel, dicen. Pero no hace falta mucho más: basta mirarles las manos para saber que siguen sembrando amistad.
Como semillas que se dejan llevar por el viento, nuestra huerta también ha crecido cerca y lejos. Porque hay exilios que no duelen, cuando se cultiva lo común.
🌻 Huerta hermanada
