Antes, cuando el polvo o el barro cubría los zapatos, una mujer no podía caminar con tacones por Tetuán. Lo contó una de las vecinas. Era la actividad organizada por las mujeres del espacio de igualdad Hermanas Mirabal.
Desde la huerta, donde la tierra todavía respira, comenzamos un recorrido. No era solo un paseo: era un viaje por las calles que nos han hecho quienes somos. Escuchamos a una mujer musulmana hablar de su cultura. Y miramos con otros ojos el patrimonio neomudéjar, ese que resiste en silencio la amenaza del olvido.
Y al final, como si fuera verano en la infancia, partimos una sandía y la compartimos. Porque también así se construye un barrio: con historias, con memoria, con mujeres, con fruta fresca bajo el sol.





